Habilidades necesarias para ser un Coach de 10 (1ª Parte)

Para ser un coach de 10, es necesario tener, trabajar y desarrollar una serie de habilidades, sin opción, sí o sí.

Y ¿cuáles son? Hemos querido recoger en dos artículos (hay dos partes) algunas de las principales destrezas en concreto 11, que te ayudarán a entender qué ingredientes puedes aportar como Coach para que tus procesos sean excelentes y tos clientes sólo puedan hacer dos cosas, recomendarte y ser felices.

Vamos a verlas un poquito más desarrolladas. Te sugerimos que te hagas con boli y papel y empieces a ver cómo andas de habilidades esenciales para ser un verdadero Coach profesional

1. Auto-conocimiento:

Para poder ayudar a otras personas a conocerse, primero uno ha de conocerse bien…Antes de ayudar a “ordenar la casa” de los demás, empecemos por la nuestra…es la única manera de saber si funciona bien esa manera de  “ordenar” 😉

Un Coach de 10 ha de ser consciente de sí mismo. Ha de poder observarse y ser capaz de detectar cuáles son sus fortalezas y mejorables. Ha de aceptar que tiene limitaciones, miedos, juicios…como todo el mundo, para poder ser capaz sobre todo, de dejarlos a un lado durante el proceso de Coaching.

Sólo si somos conscientes, podemos gestionar nuestros propios recursos, por eso es tan importante saber “de qué estamos hechos”, para poder poner nuestro potencial a nuestro servicio y el de los demás…

El objetivo principal del auto-conocimiento en este sentido, es que no proyectemos de manera inconsciente, creencias, juicios, deseos propios en el Coachee para que nada de lo que podamos compartir, afecte a sus metas u objetivos.

El Coachee ha de alcanzar su desarrollo a su ritmo, en función de sus propios recursos, modo, estilo, o las circunstancias de su entorno y es responsabilidad del Coach, adaptarse a ese ritmo y conocer cuáles son sus necesidades reales (las del coachee), dejando a un lado las propias.


 2. Compromiso:

El Coach ha de estar comprometido 100% con su labor, con su misión.

En este sentido, para que el proceso tenga éxito, no valen las medias tintas, ni estar a medio gas…Si no es el día adecuado o el momento de llevar a cabo un proceso, ha de ser honesto con el Coachee para proponer diferentes fechas u otras opciones de desarrollo y evolución acordes a las necesidades.

 Ha de saber que no hay éxito sin perseverancia y preparación.

El coach ha de creer en la mejora de su cliente y ha de dar lo mejor de sí mismo para conseguir que las personas con quien trabaja saquen lo mejor de ellos mismos, se atrevan y se superen.

Ha de sentirse apasionado por su trabajo y estar  comprometido con su propio desarrollo y el de los demás.

Se ha de comprometer con el seguimiento de los resultados de los coachees. En cada sesión, es importante que evalúe dónde ha llegado el coachee para valorar los resultados conseguidos y/o lo que se puede mejorar para seguir conquistando éxitos.

Por lo que también es muy importante tener un compromiso de 100%, es porque el coach compromete al coachee en el proceso de cambio y para eso es necesario empezar, como en el punto anterior, por uno mismo…

¿Cómo podemos saber si estamos comprometidos al 100%?

Hazte honestamente la pregunta a ti mismo: “¿Cuál es mi nivel de compromiso con este proceso?”, si es de menos de 10 (o de 15, jeje), no es compromiso real (piensa que cuando realmente está comprometido con algo, ni lo dudas, cuando algo lo quieres de verdad, pones toda la carne en el asador para conseguirlo) y entonces te ayudará preguntarte “¿qué es lo que me falta para que mi compromiso sea de 10?”

Esta misma pregunta puedes usarla, para que el Coachee te comparta cuál es su nivel de compromiso. Si su compromiso para cambiar y conseguir los objetivos o metas diseñadas, no es de 10, puedes preguntarle o acompañarle en el descubrimiento de “qué necesita para que sea de 10”.

 3. Habilidad para crear un entorno de confianza y apertura hacia el otro:

Para trabajar ayudando en el desarrollo de los demás es importante crear un clima de confianza y de respeto mutuo.

El coach tiene que ponerse en el lugar del otro y “abandonarse” para entender las necesidades, lo que conocemos como empatía.

Es importante diferenciar la empatía de la simpatía.

Empatía es la habilidad de ponerme en los zapatos de la otra persona, de entender cómo se siente, para qué se siente así…cuál es su manera de percibir la realidad que le hace sentir de esa manera. Es la capacidad de conectar con los demás.

Cuando empatizas, comprendes a la persona hasta tal punto de saber ponerte en su piel, independientemente de si compartes o no su forma de ver las cosas. Eso es empatía.

Esta capacidad de ponerse en el lugar del otro (empatía) se aprende. No se nace sabiendo hacerlo; a medida que nos vamos relacionando con las personas, la vamos construyendo y mejorando.

 La simpatía, por el contrario, nace espontáneamente, sin necesidad de aprendizaje.

Alguien te cae bien. Te da buena espina y te sientes cercano afectivamente a su forma de sentir o de pensar, sin importar que la comprendas del todo. Eso es simpatía.

Son diferentes. Cuando te relacionas con otras personas, puedes sentir empatía, simpatía, ambas cosas a la vez o ninguna de ellas. Lo importante es que sepas la diferencia y la importancia de empatizar con el Coachee.

Es muy importante que a través de la empatía, el Coach sepa crear “rapport” (entorno de confianza) y sintonizar con la otra persona para facilitarle hablar.

En este sentido, algo que ayuda y que es importante también, es la postura corporal del Coach. Ha de adaptarla a la del coachee, así como el ritmo al hablar, la velocidad, entonación, lenguaje. Esto facilitará que el Coachee confíe en nosotros y se abra…que se sienta “como en casa” es el objetivo.

 4. Habilidades de comunicación eficaz y escucha activa:

  “No tiene sentido escuchar a otra persona si ya creemos que lo sabemos todo”. No se trata de convencer en este punto, sino entender…

La actitud del Coach en este caso, consiste en un trabajo de espejo.

 Muy importante es no juzgar, no dar consejos, herramientas o soluciones directas, el objetivo es acompañar al Coachee a que encuentre la manera que a él le ayude, no la que nos ayuda a nosotros, ni la que ayudó a otro cliente…

Escuchar activamente no es oír, ni escuchar sin más. Es interpretar tanto el lenguaje verbal como no verbal.

Escuchar activamente es ayudar al otro a expresarse gracias a la relación de confianza que establecemos y la sintonía que intentamos crear con el anterior punto.

El coach escucha con el cuerpo, el lenguaje y la emoción. Hemos de mostrar interés real por el otro y tener la precaución de no desviar nuestros pensamientos o no “estar en babia”.

¿Cómo hacemos esto? Hemos de tener una actitud no verbal participativa. Animar al Coachee a expresarse mediante asentimientos con la cabeza, clarificaciones, reformulaciones…

La presencia ha de ser “activa y receptiva”. Hemos de tener la atención centrada en el Coachee y mantener el contacto ocular con él.

El uso del silencio es importante y del todo recomendable también. Se puede usar para hacer reflexionar al coachee. El silencio en las relaciones de ayuda es una herramienta poderosa, siempre que se utilice de manera adecuada.

También es muy útil parafrasear. Consiste en repetir las mismas frases o palabras que acaba de decir el coachee: es otra señal de que el coach está escuchando y centrado en la comunicación. Al coach, le permite clarificar lo que cree haber entendido y lo utiliza para animar al coachee a seguir expresándose.

Como el silencio, es útil para que el coachee reflexione sobre lo que acaba de decir o para que siga hablando de un tema importante y/o concreto.

 5. Habilidad para hacer preguntas poderosas:

 La herramienta fundamental de trabajo para el Coach, es la habilidad o el arte de hacer Preguntas Poderosas.

Estas preguntas meticulosamente elegidas por parte del Coach ayudarán al Coachee a reflexionar, ya sea sobre posibles soluciones, momentos de su vida, desafíos…

Estas preguntas no son para interrogar (lanzar preguntas sin más), el objetivo es que el Coachee descubra por si mismo el mayor número de alternativas para la situación que esta viviendo y así poder resolverla o mejorarla.

También ayudan al Coach a profundizar en el proceso de pensamiento de su Coachee y así poder conocerle mejor, detectando mapas mentales, creencias, miedos, o temas a tratar en la futura sesión…

Una pregunta poderosa refleja una escucha activa y un entendimiento de las perspectivas del Coachee y lo lleva a descubrir, profundizar, comprometerse, tomar acción, ganar claridad, abrir posibilidades o aprender cosas nuevas.

 Es importante que estas preguntas estén más orientadas a los objetivos que a los problemas. Se pueden enfocar las preguntas al logro y al éxito: ¿Qué es lo que más te gusta de tu vida ¿Qué quieres conseguir? ¿A dónde quieres llegar? Por eso, es importante saber preguntar: qué preguntar y cómo preguntarlo.

“Las preguntas de coaching, te hacen prestar atención para poder responder, a concentrarse para ser preciso y a crear un circuito de feedback. Con las órdenes, no se consigue nada de esto”…

En general, se harán preguntas abiertas, porque permiten reflexionar más. Las preguntas tienen que ser breves, claras, centradas sobre un tema concreto, pertinentes, neutrales, y constructivas.

La Calidad de tu vida y decisiones puede depender de las preguntas que te hagas…

Hasta aquí la primera parte del artículo.

¿Cómo andas en estas primeras habilidades? Cuéntanos, nos interesa saber de ti. Te agradecemos mucho si compartes el artículo. ¡Seguimos en la parte dos!