¿Fracaso? ¿Quién dijo fracaso?

Un niño en la clase, la maestra dice su nombre en voz alta, el niño se levanta y empieza a responder, un acierto, dos, el tercero… aaaah, falló, entonces el niño tiene que volver a sentarse porque para haber ganado el premio, no podía fallar.

 Así comienza todo, desde el colegio o desde el núcleo familiar, somos los mejores cuando acertamos pero, sin nos equivocamos, pasamos al anonimato en el mejor de los casos, o somos culpabilizados, en el peor. Así no es de extrañar que lleguemos a adultos cargadísimos con la mochila de los “fracasos” acumulados.

 Este el nombre que adoptan nuestros “errores” cuando somos adultos; “Fracasos” y pongo entre comillas ambas palabras con connotación tan negativa por una razón. ¿Según quién, eso que resultó de una forma diferente a la que esperábamos, fue un “error”?, ¿quién puede valorar y decidir lo que resulta más o menos positivo para tu vida?, ¿cómo se puede estandarizar lo que es un “fallo”, si para alguien fue el detonante de un inicio nuevo, para otra persona significó su motor de superación, para alguien más, ese “fallo”, cambió su ruta y le dirigió a conocer a la pareja de sus sueños?.

 Los que hoy llamamos fracasos no son otra cosa que resultados y experiencias que no esperábamos, y nos producen esa sensación de pérdida profunda porque teníamos otras expectativas con respecto al resultado.

¡Ajá! y entonces, ¿qué pasaría si dejásemos de esperar ese concreto resultado?, ¿qué pasaría si dejásemos de enfocarnos en esta estampa final y nos centramos en el camino que estamos creando hasta ella?

El problema de enfocar nuestro recorrido desde el punto de vista de éxitos y fracasos es que, en el 99% de los casos, permaneceremos paralizados, estancados en el miedo porque,…¿a quién le gusta “fracasar”?.

 ¿Cómo vamos a ser creativos, si cualquier nueva idea implica un riesgo y por tanto puede resultar en “fracaso”? ¿Cómo vamos a superarnos, a ser mejores, cuando sabemos que por el camino, habremos de “fracasar” alguna o varias veces?

 ¿Qué podemos hacer entonces? Te propongo que te plantees la vida como un tiempo que has recibido para explorar. Explorar suena mejor ¿no?. Explorar para que podamos conocernos mejor a nosotros mismos, explorarnos, para que demos con aquello en lo que brillamos, para conseguir cualquier meta, para ser felices!!, es imprescindible explorar, probar y volver a probar. Y se hace mucho más sencillo “atreverse a” y, tremendamente más gratificante la vida, cuando asumimos los resultados inesperados como eso y nada más, como opciones diferentes para nuestro mapa, que incluso encierran unas nuevas posibilidades que quizá, ni habíamos contemplado y que, a partir de ese momento, podríamos considerar.

 Abramos nuestra mente, ¡tu cerebro no va a salir volando!…Infinitas alternativas del progreso están ahí, libres, listas para ser tomadas por cada uno de nosotros. ¿Para qué aferrarnos a conceptos, etiquetas tan limitantes y áridas como las de “éxito y fracaso”? ¿Para qué?…

 Sólo tenemos que soltar y sustituir esas ideas falsas de la realidad por, aquellas que SÍ nos impulsan a conseguir lo que soñamos, por las verdaderas; que si no exploramos ahora, no sabremos hasta dónde podemos o incluso, queremos llegar.

Por supuesto, existen herramientas y precauciones que pueden sernos muy útiles en la exploración. Que exploremos no implica actuar caóticamente, o sistemáticamente en la improvisación. Explorar no significa dejar de ponernos objetivos, todo lo contrario.

Definamos bien el objetivo, definamos unos medios para conseguirlo y lancémonos entonces a esa apasionante aventura.

 Como escuché una vez en el Curso de Coaching de nuestra Escuela, Motivalia, primero exploro para saber cuál es mi objetivo; ¿si me propongo encontrar el Dorado en la Selva del Amazonas?, me llevo entonces todas las previsiones, botas, primeros auxilios, comida y agua, una persona de guía, me vacuno, etc. Me doy cuenta de que detesto el clima húmedo pero me encantan los insectos (por decir algo) y, cambio de objetivo, no pasa nada, continua la exploración.

Puede pasar (muy improbable… pero posible) que el primer objetivo que te plantees, sea tu propósito de vida, puede pasar que explores muchas áreas, antes de dar con él…Lo que hoy quiero transmitirte es que aún cuando no se cumple el objetivo, habrás ganado esa partida, porque te has atrevido a jugarla, y gracias a eso, te has transformado un poco, eres más sabio, más libre y cuentas con nuevos recién adquiridos nuevos recursos, y llegarás a otros objetivos aún más sublimes.

¿Qué importa si no salió como esperabas? Aprecia el nuevo resultado entonces y, reanuda tu exploración. Unas veces se tiene éxito y otras se aprende.

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Por María Elena Bracho – Directora de Comunicación y RRPP de Motivalia Coaching y autora del blog “Según tus reglas” 

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